Los establecimientos de salud cumplen una función esencial en el cuidado de la salud de la población, sin embargo al tiempo que resuelven miles de problemas de salud a través de practicas de diagnostico, tratamiento y rehabilitación, generan diariamente como un subproducto no deseado de su actividad un volumen creciente de residuos comunes y residuos peligrosos.
El manejo apropiado de estos residuos es fundamental para evitar el riesgo potencial que representan para la salud de los pacientes y del personal técnico y profesional.
Los residuos patogénicos constituyen una pequeña fracción del total de residuos generados en los establecimientos sanitarios.
Ésta última categoría merece la siguiente desagregación:

Hasta la fecha, no existe evidencia epidemiológica alguna que establezca que los RES son más peligrosos que los residuos domiciliarios, con la excepción del material cortopunzante (agujas, hojas de bisturí, etc.), el cual sí ha ocasionado infecciones en trabajadores de la salud.
Los residuos hospitalarios manchados con sangre o secreciones, como camisolines, campos, gasas, apósitos, guantes, tubos de drenaje, etc., son altamente improbables de causar infección, ya que los microorganismos quedan retenidos en este material de desecho y difícilmente alcancen la dosis infectiva (número y virulencia necesarios).
Es importante tener en cuenta que en función del riesgo percibido, la comunidad tiende a considerar como “peligrosos”, más precisamente “infecciosos” a todos los residuos provenientes de las instituciones de salud. Si bien el riesgo percibido constituye una variable a tener en cuenta para la gestión de los RES, las autoridades responsables deberán proveer información actualizada a la población y capacitación permanente al personal abocado al manejo de los residuos, para asegurar el conocimiento de los riesgos reales de los mismos.
Establecer las normas para la manipulación y el descarte seguro y ambientalmente adecuado de los residuos potencialmente infecciosos es una obligación de la autoridad de salud.