A lo largo de los cinco capítulos que componen el libro, Adriana Castro y Fernanda Penas, ambas capacitadoras del CePA, explicitan los fundamentos pedagógicos y didácticos sobre los que basan sus apreciaciones y los corroboran con un trabajo experimental en Jardines de Infantes. Las autoras plantean que "se trata de sostener frente a cada juego aún de los más simples una mirada problematizadora. Repensar lo conocido, desmenuzar cada propuesta, preguntarse acerca del fundamento de cada variación". Es decir, no dejarse llevar por un pensamiento meramente instrumental y espontáneo, sino entender a lo educativo como una construcción de conocimiento que le presente al niño un desafío.
Asimismo, se indaga sobre una concepción de la matemática capaz de sustentarse, determinándose dos enfoques: considerarla como una herramienta (el cálculo y la operatoria) o como un aspecto del mundo de las ideas. En el segundo sentido, se trata de la matemática filosófica, donde el matemático "crea o descubre formas y estructuras y sobre ellas construye edificios lógicamente consistentes". Las autoras plantean que históricamente, con los más pequeños prevaleció la idea que emparenta a la matemática con la vida práctica. Aunque las dos posiciones mencionadas se conciben como complementarias, Castro y Penas apuestan a la matemática filosófica para la formación de los niños en el nivel inicial, porque en esta pedagogía "los alumnos investigan, buscan, experimentan, discuten, argumentan, forman preguntas", volviéndolos protagonistas activos de la aventura del conocimiento. Esa tarea implica que los niños se vayan planteando en esa búsqueda "la resolución de problemas" que los involucra en forma desafiante, "asumiendo progresivamente actitudes favorables al esfuerzo".
En el capítulo segundo se aborda el tema de los primeros aprendizajes numéricos, distinguiendo entre el conteo y el recitado oral de la numeración escrita. Las autoras se preguntan cómo los niños pueden llegar al cálculo anticipando el resultado de acciones aún no realizadas, ya que la adquisición de esos conocimientos dista de ser espontánea, y demanda la formulación de un problema por parte del niño pequeño. Asimismo, las autoras proponen diversos tipos de juegos en el recitado de los números. El objetivo de todas estas actividades es que los pequeños "sigan pensando" en forma constante, porque esta reflexión situacional les permitirá ir construyendo su conocimiento. En este sentido, se señala que los proyectos áulicos necesitan ser ajustados y previamente discutidos por los docentes para responder a problemas reales, estableciendo "puentes" entre la vida cotidiana y la generación de conocimientos.
Los primeros aprendizajes geométricos serán motivo de un claro posicionamiento por parte de las autoras. Ellas establecen que es necesario revalorizar y plantear múltiples estrategias innovadoras con respecto a la enseñanza de la geometría. La banalización de los conceptos, su poca profundización y la simplificación son características de la enseñanza tradicional de la geometría tal como se viene realizando en las aulas, donde prevalece el valor instrumental. Así, el sentido de los contenidos espaciales en el nivel inicial motivan una profunda discusión. Allí se analiza el concepto de "espacio" en matemática para desembocar en la construcción de un pensamiento espacial acorde con el nivel inicial.
Los criterios teórico-educativos sobre los que se basan las autoras se apoyan en la Teoría de las Situaciones Didácticas de Guy Brousseau; y en Yves Chevalard, para las teorías antropológicas. La bibliografía empleada es sumamente actualizada, y las referencias están avaladas por el registro de diversas experiencias didácticas que las hace imprescindibles e incitantes para su aplicación en el aula. Matemática para los más pequeños enlaza enfoques, propuestas y actividades con un único sentido final: entender a lo educativo como una interrogación abierta y cuestionadora. El libro estará disponible para su consulta en todos los Centros de Docentes.